México, la excepción de América Latina

Columna Eduardo Rivera CEO Global Media International Services Columna Eduardo Rivera CEO Global Media International Services

América Latina ha cambiado de forma visible y contundente en muy poco tiempo. Países que hace apenas tres años seguían modelos de corte progresista han dado paso a gobiernos que defienden la libertad económica, la seguridad ciudadana y el respeto absoluto a las leyes.

En Ecuador, Chile, y en las últimas semanas Perú y Colombia, los ciudadanos han votado de forma libre por propuestas que devuelvan certidumbre y que pongan freno al despilfarro, al desorden y al abuso de autoridad. Una docena de naciones han elegido líderes que rechazan abiertamente el modelo que durante décadas ha llevado a gran parte de la región al estancamiento y que proponen mano firme frente al crimen, instituciones sólidas y la apertura a la inversión que genera riqueza y empleo.

Ningún gobierno es idéntico a otro porque cada país atiende sus propias circunstancias, pero todos coinciden en alejarse de lo que ha demostrado fracaso y en buscar caminos que permitan el progreso sin que el Estado se lleve todo el mérito ni quite el fruto del esfuerzo a quienes trabajan.

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Mientras toda la región gira decididamente hacia posturas que protegen al ciudadano y a su trabajo, México permanece sujeto a un gobierno que hace exactamente lo contrario. Morena ha debilitado las instituciones que deben vigilar al poder, ha concentrado facultades en una sola persona y ha modificado las reglas del juego según su propia conveniencia.

La economía no crece al ritmo que necesita la gente, las inversiones serias se detienen o se desvían hacia otros países y las empresas enfrentan obstáculos que antes no existían. Las relaciones diplomáticas se han enfriado con socios importantes y el país pierde respeto y voz frente al resto del mundo.

A eso le sumamos que ninguna reforma se ha hecho para mejorar la vida del ciudadano común, y sí para fortalecer el control del Gobierno sobre cada aspecto de la vida nacional y para asegurar que nadie pueda cuestionar sus decisiones.

El congresista estadounidense Carlos Giménez ha declarado de forma pública y sin rodeos que Morena funciona como un partido vinculado al narcotráfico y que existen pruebas suficientes para demostrarlo ante cualquier instancia. También dijo que Claudia Sheinbaum intenta silenciar, censurar y perseguir a quienes se atreven a decir la verdad sobre lo que ocurre dentro del país, mientras que en Estados Unidos se respeta y se protege la libertad de expresión.

Esas palabras no suponen una opinión aislada ni un ataque sin fundamento, porque confirman lo que millones de mexicanos vemos cada día cuando la violencia avanza sin freno, las desapariciones se multiplican y los grupos criminales controlan amplias zonas del territorio sin que ninguna autoridad los detenga. La estrategia de seguridad del gobierno ha fracasado por completo y ninguna persona que tenga responsabilidad ha sido llamada a rendir cuentas ante la ley por ese desastre que afecta a todos por igual.

El contraste resulta evidente para cualquiera que mire los hechos sin anteojeras. La derecha que hoy triunfa en América Latina propone seguridad para todos, reglas estables que no cambien cada mañana, instituciones independientes que vigilen al poder y apertura económica que permita a cualquiera salir adelante.

Morena propone controlarlo todo desde el centro, debilitar a quien vigila al gobierno y mantener a la población dependiente de favores y dádivas en lugar de abrirle las puertas al trabajo y al progreso. Un modelo genera confianza, empleo y bienestar compartido. El otro genera miedo, pobreza y aislamiento frente al mundo.

Cada país vecino ha comprendido que el camino hacia adelante pasa por respetar la ley y la propiedad de cada persona. México sigue aferrado a un modelo que ha demostrado su daño en cada lugar donde se ha aplicado.

Lo que viene para México en los siguientes años, y hasta las próximas elecciones, más que reducirse a elegir entre dos opciones políticas, significa decidir si se avanza junto al resto del continente hacia un futuro mejor o si se permanece atrapado en el error que todos los demás han decidido abandonar.

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