La Ciudad de México enfrenta cada temporada de lluvias un problema recurrente que afecta a millones de habitantes y paraliza la actividad económica: las inundaciones. Este fenómeno, lejos de ser un evento fortuito, responde a causas estructurales que combinan factores geográficos, históricos y de planificación urbana que se han acumulado durante siglos.
De acuerdo con datos del Gobierno de la CDMX, cada año se registran más de 1,500 puntos de encharcamiento en la capital durante la temporada de lluvias, que comprende de mayo a octubre. Las pérdidas económicas asociadas superan los 3,000 millones de pesos anuales, considerando daños a infraestructura, comercios y vehículos.
El origen lacustre de la capital mexicana
La razón fundamental de las inundaciones en la CDMX radica en su ubicación geográfica. La ciudad fue construida sobre lo que alguna vez fue el Lago de Texcoco, un cuerpo de agua que los españoles comenzaron a desecar tras la conquista en 1521. Esta decisión histórica determinó el destino hidrológico de la metrópoli.
El Valle de México funciona como una cuenca endorreica, es decir, no tiene salida natural para el agua. Durante la época prehispánica, los mexicas desarrollaron un sofisticado sistema de diques y canales que permitía controlar los niveles del lago. Sin embargo, la lógica colonial de desecación eliminó este equilibrio hidráulico.
Actualmente, el suelo de la ciudad se compone en gran medida de arcillas lacustres altamente compresibles. Esto provoca que la capital se hunda a un ritmo de hasta 30 centímetros por año en algunas zonas, agravando la vulnerabilidad ante precipitaciones intensas.
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La sobreexplotación del acuífero y el hundimiento
El problema se agrava por la extracción desmedida de agua del subsuelo. La CDMX obtiene aproximadamente el 70% de su agua potable de pozos que extraen líquido del acuífero del Valle de México. Esta práctica, sostenida durante décadas, ha provocado un hundimiento diferencial que afecta la infraestructura de drenaje.
Las tuberías del sistema de drenaje profundo, diseñadas originalmente con pendientes específicas para que el agua fluyera por gravedad, han perdido su inclinación adecuada. En algunos tramos, el hundimiento ha invertido las pendientes, provocando que el agua se estanque o fluya en dirección contraria.
El Gran Canal del Desagüe, construido entre 1900 y 1914, ejemplifica esta problemática. Originalmente diseñado con una pendiente que permitía evacuar el agua hacia el norte, actualmente presenta secciones donde el agua debe ser bombeada artificialmente debido al hundimiento acumulado de más de 10 metros en el último siglo.
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El crecimiento urbano desordenado
La expansión de la mancha urbana ha eliminado sistemáticamente las áreas de absorción natural. Según datos del Instituto de Geografía de la UNAM, la zona metropolitana ha perdido más del 80% de sus superficies permeables en las últimas cinco décadas.
Las principales consecuencias de la urbanización sobre el ciclo hidrológico incluyen:
- Reducción de la infiltración de agua al subsuelo por pavimentación
- Aumento del escurrimiento superficial durante lluvias intensas
- Saturación del sistema de drenaje que no fue diseñado para el volumen actual
- Pérdida de cauces naturales de ríos entubados como el Churubusco, La Piedad y Consulado
La capital cuenta con más de 45 ríos entubados que fueron convertidos en colectores de aguas negras y pluviales. Esta infraestructura, desarrollada principalmente entre 1940 y 1970, resulta insuficiente para las precipitaciones actuales, especialmente considerando los efectos del cambio climático.
El cambio climático intensifica el problema
Las proyecciones climáticas indican que la CDMX experimentará lluvias más intensas y concentradas en periodos más cortos. Estudios del Centro de Ciencias de la Atmósfera señalan que las precipitaciones extremas han aumentado en frecuencia 40% respecto a los registros de hace tres décadas.
Esta intensificación de las lluvias rebasa la capacidad de respuesta del sistema de drenaje. El Túnel Emisor Oriente, inaugurado en 2019 con una inversión de más de 32,000 millones de pesos, representa el esfuerzo más reciente por ampliar la capacidad de desalojo, con un diseño para evacuar 150 metros cúbicos por segundo.
Sin embargo, expertos en hidrología urbana advierten que las soluciones de drenaje profundo resultan insuficientes sin estrategias complementarias de infiltración, captación pluvial y recuperación de áreas verdes permeables.
Soluciones integrales para una ciudad resiliente
Diversos especialistas coinciden en que la solución requiere un enfoque multidimensional que combine infraestructura gris tradicional con soluciones basadas en la naturaleza. Entre las estrategias propuestas destacan:
- Implementación de sistemas de captación pluvial en edificaciones
- Creación de parques inundables que absorban excedentes durante lluvias
- Restauración de barrancas y áreas de conservación en el sur de la ciudad
- Desarrollo de pavimentos permeables en nuevas construcciones
- Modernización del sistema de alerta temprana por inundaciones
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, ha anunciado inversiones en infraestructura pluvial que superan los 2,500 millones de pesos para 2026, enfocadas en desazolve de la red secundaria y rehabilitación de plantas de bombeo en las alcaldías más afectadas como Iztapalapa, Gustavo A. Madero y Venustiano Carranza.
El costo económico de las inundaciones
Las afectaciones por inundaciones impactan directamente en la productividad económica de la capital. El sector comercial reporta pérdidas que oscilan entre 500 y 800 millones de pesos cada temporada de lluvias, principalmente en zonas como el Centro Histórico, Tepito y colonias de la alcaldía Cuauhtémoc.
El sector asegurador registra incrementos de hasta 35% en reclamaciones por daños a vehículos durante los meses de julio a septiembre. Las pólizas de cobertura amplia que incluyen daños por inundación han aumentado sus primas en los últimos cinco años.
La resiliencia hídrica de la Ciudad de México requiere una visión de largo plazo que integre planeación urbana, gestión del acuífero y adaptación al cambio climático.
La problemática de las inundaciones en la CDMX representa uno de los mayores desafíos de infraestructura y planeación urbana del país. Su solución demanda coordinación entre los tres órdenes de gobierno, inversión sostenida y la participación activa del sector privado y la ciudadanía en estrategias de prevención y respuesta ante este fenómeno que, mientras no se atiendan sus causas estructurales, continuará afectando a la capital mexicana cada temporada de lluvias.
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