Muchas empresas siguen planeando para un consumidor que cambia de edad. La Encuesta Intercensal 2025 estima 130.9 millones de habitantes en México, con una edad mediana de 32 años. Las personas de 60 años y más representaban el 12% de la población en 2020; en 2025 llegaron al 14.7%. Quien diseñe su oferta con el retrato demográfico de hace una década perderá de vista necesidades reales.
Envejecer abre demanda de prevención, rehabilitación, alimentación, turismo accesible, servicios financieros y vivienda adaptable. También cambia la forma de comprar: importan la cercanía, la confianza, la facilidad de uso y la atención personal. Hay que escuchar a personas distintas, con ingresos, capacidades y preferencias distintas.
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David E. Bloom ha mostrado que la estructura de edades influye en las posibilidades de crecimiento de una economía. Para una empresa, la enseñanza es práctica: la demografía afecta tanto a sus clientes como a su plantilla. Mientras aumenta la población mayor, una fecundidad más baja anticipa cohortes de ingreso al trabajo más pequeñas. Capacitar, retener talento y transferir conocimiento deja de ser una tarea secundaria.
Los negocios familiares conocen ese reto de cerca. La sucesión no ocurre el día en que alguien firma un acta: empieza cuando se enseña a comprar, cobrar, tratar al cliente y tomar decisiones. Si no existe un plan, se pierde experiencia acumulada durante años. Si la siguiente generación encuentra espacio para innovar, ese conocimiento puede multiplicarse.
Hay otro dato que cambia la escala de la oportunidad. Entre 2020 y 2025, la proporción de viviendas con internet subió del 53.9 al 75.7%. Estar conectado facilita vender, pagar y organizar inventarios, pero una conexión no transforma automáticamente un negocio. Hacen falta habilidades, seguridad digital, financiamiento y herramientas que tengan sentido para su tamaño.
La sucesión, el talento y las nuevas necesidades de consumo estarán entre los temas de la Asamblea Nacional de Empresas y Negocios Familiares G32. Queremos que sus conclusiones sirvan a quien debe decidir hoy si invierte en capacitación, adapta su establecimiento o prepara a la siguiente generación para dirigirlo.
Desde la CONCANACO SERVYTUR, la agenda empresarial debe llegar al establecimiento concreto: formación para sus trabajadores, adopción tecnológica útil y acceso a mercados para quienes hoy compiten con recursos limitados. La productividad se construye operación por operación.
El consumidor mexicano cambia, la fuerza laboral cambia y la estructura familiar cambia. La empresa que lo entienda podrá servir mejor. La que espere a que esas tendencias aparezcan en sus ventas habrá llegado tarde.