La demanda eléctrica en México crece al doble del ritmo del Producto Interno Bruto (PIB), según advierte Guillermo García Alcocer, profesor del ITAM y expresidente de la Comisión Reguladora de Energía (CRE). Este desbalance representa un riesgo directo para las empresas que planean inversiones en México, particularmente en sectores intensivos en energía como centros de datos, manufactura avanzada y nearshoring.
El especialista detalla que la infraestructura de transmisión eléctrica enfrenta cuellos de botella críticos que podrían frenar proyectos industriales valuados en miles de millones de dólares. Para los directivos que evalúan expandir operaciones en el país, el mensaje es claro: la capacidad energética se ha convertido en variable determinante de viabilidad.
Déficit de infraestructura: el cuello de botella empresarial
La transmisión eléctrica y el desarrollo de subestaciones en regiones clave como Querétaro presentan retrasos operativos significativos. Según el análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), entre 2026 y 2030 el Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional (PLADESE) estima un crecimiento promedio anual del consumo de electricidad de apenas 2.5%.
Sin embargo, una trayectoria compatible con las metas del Plan México requeriría un crecimiento de 4.5% anual, prácticamente el doble de lo proyectado. Esta brecha representa un obstáculo estructural para las empresas que buscan certidumbre en sus planes de expansión de mediano plazo.
“La capacidad de la infraestructura para atender las necesidades energéticas de las empresas condiciona la viabilidad de nuevos proyectos, los tiempos de entrada en operación y la certidumbre con la que pueden planearse inversiones de largo plazo.”
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Centros de datos: demanda explosiva sin respuesta
García Alcocer señala que los centros de datos representan uno de los sectores con mayor presión sobre el sistema eléctrico nacional. Estas instalaciones requieren suministro continuo y de alta calidad, condiciones que la red actual no puede garantizar en todas las regiones industriales del país.
El problema se agrava por la dependencia del gas natural importado, que constituye la principal fuente de generación eléctrica en México. Cualquier interrupción en el suministro de gas desde Estados Unidos impactaría directamente la operación de plantas industriales y centros de procesamiento de datos.
Para las empresas tecnológicas que evalúan establecer infraestructura digital en el país, los tiempos de conexión eléctrica se han convertido en factor eliminatorio. Proyectos que en otros mercados se ejecutan en 12 a 18 meses pueden extenderse significativamente en México por limitaciones de la red.
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Modelos de inversión mixta: la alternativa sobre la mesa
El análisis de García Alcocer aborda los modelos de inversión mixta como alternativa para acelerar el desarrollo de infraestructura eléctrica. Bajo estos esquemas, el capital privado podría participar en proyectos de generación y transmisión que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) no tiene capacidad de ejecutar por sí sola.
El presupuesto 2026 asignado a la CFE asciende a 61.1 mil millones de pesos, cifra que según especialistas resulta insuficiente para cerrar la brecha de infraestructura identificada. Las redes eléctricas descentralizadas y los sistemas de almacenamiento de energía emergen como infraestructura crítica para impulsar la competitividad industrial.
Para los directivos del sector manufacturero, la generación renovable distribuida representa una opción cada vez más atractiva. Empresas con consumos superiores a 1 megawatt exploran esquemas de autoabastecimiento que reduzcan su dependencia de la red pública.
Nearshoring en riesgo: energía como factor limitante
El nearshoring que México busca capitalizar enfrenta un obstáculo estructural en materia energética. Las empresas que relocalizan operaciones desde Asia requieren certidumbre de suministro eléctrico que el sistema actual no puede garantizar en todas las regiones industriales.
Estados como Nuevo León, Querétaro y Guanajuato concentran la mayor demanda de nuevas conexiones industriales, pero también registran las mayores presiones sobre la red de transmisión. Los tiempos de respuesta de la CFE para nuevas acometidas industriales pueden extenderse más allá de los plazos que manejan inversionistas internacionales.
La transformación industrial que impulsa el Plan México requiere resolver primero la ecuación energética. Sin capacidad eléctrica suficiente, los anuncios de inversión corren el riesgo de quedarse en intenciones que no se concretan en empleos ni producción real.
Qué deben anticipar los directivos
Para las empresas que planean expansiones en México durante 2026 y 2027, la auditoría energética se vuelve paso obligatorio antes de comprometer capital. Verificar disponibilidad de capacidad eléctrica en la zona de interés, tiempos reales de conexión y alternativas de generación distribuida puede marcar la diferencia entre un proyecto viable y uno estancado.
Los directivos que incorporen la variable energética en sus análisis de riesgo tendrán ventaja competitiva. Quienes la ignoren podrían enfrentar sobrecostos y retrasos que impacten la rentabilidad de sus inversiones en el mediano plazo.