La vida da varias vueltas y lo que pudo ser un homenaje en vida a Pedro Friedeberg ahora es una carta de despedida de Morton Subastas. La casa realizará el próximo 25 de marzo una venta de seis serigrafías del último surrealista mexicano en la Subasta de Arte Moderno y Contemporáneo.
El catálogo incluye una sección dedicada al artista mexicano que nació en Florencia, Italia. Lo que en un principio no fue planeado como homenaje terminó convirtiéndose en uno tras el reciente fallecimiento del creador.
“Fue una mala coincidencia, aunque también lo queremos ver como un homenaje que, en su momento, habríamos querido hacerle en vida”, explica Ana Segoviano, especialista del Departamento de Arte Moderno y Contemporáneo de la casa de subastas.
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Las obras de Pedro Friedeberg, una constante en Morton Subastas
El catálogo reúne siete obras gráficas del artista en una sección especial acompañada de un texto dedicado a su trayectoria y a su impacto en la cultura mexicana. Sin embargo esta no es la primera vez que piezas del artista forman parte de las subastas. Ejemplo de ello fueron la silla-mano y Sueño sin nombre, que estuvieron en venta el pasado 22 y 17 de enero respectivamente.
A pesar de ello, esta vez adquiere un peso distinto. “Ya habíamos tenido secciones en catálogos pasados con obra del maestro, pero ahora decidimos reunir estas siete piezas. Coincidió con este momento y queremos tomarlo como un gesto de reconocimiento también por tantos años de colaboración”, señala Segoviano.
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Un referente del arte mexicano
La presencia de Pedro Friedeberg en la historia del arte mexicano trasciende los circuitos especializados. Asociado a la llamada Generación de la Ruptura, el artista construyó un universo visual propio en el que conviven la arquitectura fantástica, el simbolismo y un humor lúdico que lo volvió inmediatamente reconocible.
“Es uno de los artistas mexicanos más conocidos a nivel global y siempre representó a México”, afirma Segoviano. “Además, trabajó prácticamente hasta el final de su vida y participó en múltiples corrientes y colaboraciones con otros artistas”.
La obra de Friedeberg también logró algo poco común: habitar tanto los espacios institucionales como la vida cotidiana. Sus imágenes, laberintos arquitectónicos, patrones repetitivos y figuras simbólicas, aparecen en museos, galerías, murales urbanos e incluso el Metro de la CDMX, un espacio público que millones de personas ven a diario.

Esto ocurre en la estación del Palacio de Bellas Artes, donde la gente puede recorrer las instalaciones del metro como si fuera uno de los laberintos gráficos de Pedro Friedeberg, cuyos Códices Miguelito se subastarán en Morton.
“Si alguien no reconoce su nombre, seguramente reconoce sus imágenes”, dice Segoviano. “Incluso aparecen en colaboraciones con cine y otros proyectos culturales. Su huella está en muchos lugares”.
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Los “Códices Miguelito” y la lógica de la repetición
Dentro de las siete obras que integran la subasta destacan piezas pertenecientes a la serie “Códices Miguelito”, realizadas en colaboración con Galería Saenger. Estas ediciones forman parte de un diálogo creativo en el que Friedeberg trasladó símbolos culturales a su propio universo visual.
Para el artista, la obra gráfica tenía una importancia particular. La repetición —uno de los rasgos distintivos de su estética— encontraba en este formato un espacio ideal para desplegarse.
“Creo que la obra gráfica era importante para Friedeberg precisamente por esta idea de repetición”, explica Segoviano. “Son imágenes que funcionan casi como mantras visuales: motivos que regresan una y otra vez y crean una especie de coherencia dentro de todo su universo creativo”.
Una subasta con nuevas miradas
Las piezas que se ofrecerán en la subasta parten de precios estimados entre 20 mil y 24 mil pesos, cifras que buscan atraer tanto a coleccionistas experimentados como a nuevos interesados en adquirir obra del artista.
Históricamente, la obra de Friedeberg ha despertado competencia entre los postores. “Es un artista que siempre se ha vendido muy bien en subasta”, afirma Segoviano. “Sus piezas son visualmente muy atractivas y suelen generar pujas bastante disputadas”.
El contexto actual podría intensificar ese interés. Tras la muerte del artista, las obras existentes adquieren un valor simbólico adicional: ya no habrá nuevas piezas firmadas directamente por él.
“Estas todavía salieron con su autorización y su participación directa”, explica la especialista. “Cuando ocurren este tipo de coincidencias, el mercado suele reaccionar y las piezas tienden a cotizarse mejor”.

El cierre de una era
Para Segoviano, la desaparición de Friedeberg también marca un momento de transición dentro del arte mexicano. El artista formaba parte de una generación que redefinió el panorama cultural del país durante la segunda mitad del siglo XX.
“Es de los pocos artistas de esa generación que seguían con vida, y su partida también marca el cierre de una época”, añadió.
Sin embargo, su legado no comienza ahora: ya estaba consolidado desde hace décadas. “La leyenda sigue. Él construyó su vida y su obra para serlo desde el principio, y ahora simplemente se confirma lo que siempre fue”, finaliza la experta en arte como una sentencia del nuevo horizonte que tendrán las obras de Friedeberg.
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