El mezcal es una bebida que arde desde la tierra de Sola de Vega y calienta cada vena hasta llegar al corazón de la CDMX con la mezcalería Finca Robles. Ese líquido que invita a levantar el canto encendió la fiesta en Isabel la Católica 75, un espacio que no solo invita a beber, sino a recordar de dónde viene cada sorbo.
Más que un bar, el lugar se levanta como un puente: del campo a la ciudad, del fogón a la copa, del silencio de la sierra a la música que vibra en la capital. Aquí, el mezcal no es moda, es raíz.
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Mezcalería Finca Robles: De Sola de Vega al corazón de CDMX
Esta tierra de Oaxaca está rodeada de montañas. Allí el tiempo se mide en cosechas y generaciones, pues desde hace más de 350 años, se destila en ollas de barro este líquido que no solo anima a las almas en vida, sino también es un símbolo para los fieles difuntos. Gracias al método ancestral es que el mundo obtiene el mezcal Tobalá y La Chilena. Cada botella es un fragmento de ese paisaje: magueyes endémicos, agua de manantial, fermentación viva y la paciencia heredada por cuatro generaciones de maestros mezcaleros.
La Finca Robles nació en Villa Sola de Vega y hoy llega a la CDMX con el mismo espíritu comunal y colectivo. La Galería MezcalfestMX desplegó una muestra gráfica donde artistas como Uriel Fernández Barragán, Bouler y Alfonso Maraver Labastida tejieron símbolos contemporáneos alrededor de la bebida sagrada. Las obras dialogaron con la tradición, como si el papel también respirara agave.
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Y desde la sierra llegó la voz. Plácido Hernández, productor matlatzinca de Mezcal Espina Dorada, compartió no solo su destilado, sino su canto en lengua zapoteca, recordando que el mezcal también se escucha, se honra y se hereda.
La noche avanzó con el pulso de Dark Legions Collective, cuya mezcla sonora envolvió el recinto con una atmósfera contemporánea, casi ritual, donde la tradición se encontró con el presente sin perder su esencia.
Entre ceremonias, fiestas y esencia
El mezcal, presente en ceremonias, fiestas y remedios desde tiempos antiguos, reafirma su lugar en la cultura mexicana. En la propuesta de Finca Robles, la bebida no se reduce a un trago: es identidad, territorio y cocina líquida. Su riqueza aromática dialoga con la gastronomía, acompaña los alimentos y revela matices que cuentan historias de humo, tierra y lluvia.

Con medallas nacionales de Oro, Plata y Gran Oro, la casa mezcalera consolida su presencia en la capital tras su paso por Roma y Condesa. Ahora, en el corazón histórico de la ciudad, abre un espacio donde el mezcal se sirve con respeto, memoria y futuro.
Porque beber mezcal, aquí, es probar Sola de Vega. Y Sola de Vega, en cada gota, sigue viva.
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