En el marco del Día Mundial del Síndrome del Intestino Irritable, que se conmemora cada 19 de abril, especialistas en salud digestiva alertan sobre la alta prevalencia de este trastorno en México y la necesidad de generar mayor conciencia entre la población. La nutricionista funcional Liz Memun advirtió que este padecimiento continúa siendo uno de los más subdiagnosticados, debido a que muchas personas normalizan sus síntomas y no buscan atención médica.
En entrevista con Mundo Ejecutivo CDMX, la experta explicó que este padecimiento forma parte de los llamados trastornos digestivos funcionales, los cuales no siempre se detectan mediante estudios clínicos convencionales. “No es una enfermedad que se identifique con un análisis específico. El diagnóstico se basa en la historia clínica del paciente y en criterios médicos como los de Roma, por lo que muchas personas no saben que lo padecen”, señaló.

¿Qué es el Síndrome del Intestino Irritable y cuáles son sus síntomas?
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran el dolor abdominal recurrente, inflamación, distensión, gases, así como alteraciones en el tránsito intestinal que pueden manifestarse como estreñimiento, diarrea o un patrón mixto. A esto se suman intolerancias alimentarias y afectaciones en el estado de ánimo, como ansiedad, estrés o problemas de sueño.
De acuerdo con la especialista, uno de los principales problemas es que quienes presentan estos síntomas suelen asumirlos como parte de su vida cotidiana. “Hay personas que dicen ‘yo siempre me inflamo’ o ‘todo me cae mal’, y lo ven como algo normal, cuando en realidad es una condición que puede mejorar significativamente con cambios en la alimentación y el estilo de vida”, explicó.
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¿Qué tan frecuente es este padecimiento en México?
En México, la prevalencia del síndrome es particularmente alta. Mientras que a nivel global se estima que afecta entre el 5 y el 15% de la población, en el país las cifras oscilan entre el 16 y el 35%. Este incremento, señaló Memun, está relacionado con factores como el consumo elevado de alimentos ultraprocesados, dietas poco equilibradas y un estilo de vida marcado por el estrés y la falta de descanso.
Además, el padecimiento es más común en mujeres, con una proporción aproximada de dos a uno frente a los hombres, y suele presentarse en adultos jóvenes, aunque también puede persistir en edades más avanzadas. De hecho, hasta el 40% de las consultas gastroenterológicas están relacionadas con este trastorno, aunque una gran parte de los casos nunca llega a diagnosticarse.

La especialista destacó que, si bien el síndrome del intestino irritable no tiene una causa única ni una cura definitiva, sí es tratable mediante un enfoque integral que atienda sus distintos factores.
“No se trata solo de medicar los síntomas. En la nutrición funcional buscamos identificar las causas y trabajar desde ahí, especialmente en la alimentación, la microbiota intestinal y el manejo del estrés”, explicó.
Uno de los elementos clave en el tratamiento es la microbiota intestinal, es decir, el conjunto de bacterias que habitan en el sistema digestivo. Este ecosistema tiene una relación directa con el cerebro a través del llamado eje intestino-cerebro, lo que explica por qué las emociones influyen en la salud digestiva. De hecho, este padecimiento fue conocido durante años como “colitis nerviosa”.
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“Las emociones, el estrés y la ansiedad pueden agravar los síntomas. Por eso, el tratamiento no solo debe enfocarse en lo que se come, sino también en cómo se vive”, apuntó.
En este sentido, el consumo de alimentos fermentados como el kéfir se ha posicionado como una alternativa complementaria en el tratamiento. Este producto, elaborado a partir de la fermentación de leche con cultivos de bacterias y levaduras, es rico en probióticos que ayudan a restaurar el equilibrio de la microbiota intestinal. Según Memun, su consumo puede mejorar la digestión, reducir la inflamación, regular el tránsito intestinal y favorecer una mejor absorción de nutrientes.
No obstante, subrayó que el tratamiento debe ser personalizado, ya que cada paciente puede reaccionar de manera distinta a ciertos alimentos. Identificar detonantes individuales y ajustar la dieta es fundamental para evitar molestias.
Por otro lado, el manejo del estrés es un componente esencial en la mejoría de los síntomas. La especialista recomendó incorporar prácticas como la meditación, la respiración consciente y la actividad física regular. “No se trata de hacer cambios drásticos, sino de integrar hábitos sencillos, como caminar después de comer, tomar pausas durante el día o reducir el uso de pantallas antes de dormir”, explicó.
El descanso también juega un papel importante, ya que una mala calidad de sueño puede afectar directamente la microbiota intestinal y, en consecuencia, la salud digestiva. Por ello, mantener horarios regulares y una adecuada higiene del sueño es clave.
En un contexto donde el ritmo de vida y los hábitos alimenticios continúan cambiando, los especialistas coinciden en la importancia de visibilizar este padecimiento y fomentar su atención oportuna. El Día Mundial del Síndrome del Intestino Irritable representa una oportunidad para que más personas reconozcan los síntomas y busquen alternativas para mejorar su calidad de vida.
¿Cuáles son las recomendaciones para tratar el síndrome del intestino irritable?
Liz Memun, especialista en nutrición funcional, destaca que hay varios elementos que son importantes seguir para tener una vida saludable. En especial si es que se tiene este padecimiento o bien se busca evitar. Estos son:
- Priorizar una alimentación balanceada y reducir el consumo de ultraprocesados
- Incorporar probióticos, como el kéfir, para mejorar la microbiota intestinal
- Consumir fibra adecuada (chía, linaza) para regular el tránsito digestivo
- Identificar y evitar alimentos que detonen síntomas
- Realizar actividad física de forma regular
- Practicar técnicas de manejo del estrés (meditación, respiración, pausas activas)
- Dormir bien y mantener una adecuada higiene del sueño
- Evitar el exceso de pantallas antes de dormir
- Buscar atención profesional para un tratamiento personalizado
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