Fitur 2026. Coordinar, decidir y representar a México

Josefina Rodríguez Zamora, titular de la Secretaría de Turismo. Josefina Rodríguez Zamora, titular de la Secretaría de Turismo.

Participar en la Feria Internacional de Turismo (Fitur) 2026 desde la responsabilidad que implica encabezar la política turística de México me permitió confirmar algo que a veces se pierde entre cifras y agendas: las ferias internacionales no valen por la cantidad de actos que se acumulan en un calendario, sino por la calidad de las decisiones que se siembran en pocos días y cuyos efectos se extienden durante años.

Nuestro país llegó a Madrid con una presencia amplia y ordenada. Los 32 estados compartieron espacio, narrativa y objetivos, algo que no ocurre por inercia. Detrás hubo coordinación institucional, diálogo con el sector privado y una idea clara de país. Para mí, ese fue el primer gran beneficio: mostrar que México puede actuar como una sola delegación sin borrar la identidad de cada territorio. Esa unión genera confianza, y la confianza es el punto de partida de cualquier inversión turística.

El Foro Turismo e Inversión 2026 BBVA fue un buen ejemplo de ello, pues funcionó como un espacio de conversación franca con actores financieros que buscan certidumbre, proyectos viables y reglas claras. Allí compartí los resultados del sector durante el último año, las expectativas de crecimiento, inversión, empleo, así como la proyección del país ante mercados internacionales.

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La inauguración de la Fitur tuvo un significado especial al integrar a representantes de los pueblos originarios. Desde la Secretaría de Turismo tenemos claro que el turismo comunitario no es un complemento, sino una pieza central de la estrategia nacional, en concordancia con la visión de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Incluir a las comunidades implica reconocer su papel como anfitrionas y garantizar que los beneficios lleguen a quienes resguardan el patrimonio cultural.

Otro eje central fue el trabajo rumbo al Mundial de 2026. En la feria quedó claro que este evento no debe entenderse como una meta en sí misma, sino como una palanca para mejorar la conectividad, los servicios y la experiencia turística. La Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León mostraron avances concretos y, al hacerlo, proyectaron un mensaje útil para todo el país: los grandes eventos dejan beneficios reales cuando se integran a una política turística coherente y no cuando se reducen a promoción pasajera.

Asumir la presidencia pro tempore de la Organización Mundo Maya fue, en lo personal, uno de los momentos más significativos. Esta responsabilidad coloca a México en una posición de liderazgo regional que trasciende fronteras. La región Mundo Maya representa historia viva, patrimonio natural y comunidades que requieren modelos turísticos responsables. Encabezar esta agenda permitirá avanzar en rutas multinacionales, cooperación técnica y una promoción conjunta que distribuya beneficios y cuide los territorios. Para México, esto se traduce en mayor visibilidad internacional y en mejores condiciones para ordenar el crecimiento turístico.

Incluso los gestos tienen peso. Portar prendas elaboradas por artesanas de distintos estados fue una forma de llevar a la Feria Internacional de Turismo de este año una narrativa que va más allá del discurso: cada textil cuenta una historia de trabajo, identidad y territorio, mostrarlo al mundo es una manera de dignificar esos saberes y de integrarlos a la experiencia turística.

Los beneficios para México no se miden solo en acuerdos firmados o reconocimientos recibidos, se reflejan en una mayor confianza internacional, en inversión y en una política turística que entiende al país como un mosaico diverso, capaz de crecer sin perder su esencia. Esa es, desde mi perspectiva, la verdadera ganancia de esta feria.

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