En TikTok ha surgido un fenómeno inesperado de jóvenes maquillados en el trend de Ojitos Mentirosos, cuyo curiosos origen se remonta a Latinoamérica. Este trend, combina música, teatro callejero y crítica social, convirtiéndose en un reflejo cultural que va más allá del entretenimiento digital.
La canción que inspira el fenómeno es de origen peruano, escrita por Coré Cuestas Chacón y popularizada en México por Tropicalísimo Apache. Con letras sencillas sobre ojos que aparentan ternura pero engañan, se ha transformado en un himno melancólico para miles de videos.
Frases como “Mienten, mienten tus ojitos” se escuchan hoy en celulares y altavoces urbanos, reinterpretadas con un nuevo trasfondo social y cultural que conecta generaciones y barrios.
Origen de Ojitos Mentirosos: estética de los payasos y la metáfora urbana
El impacto de esta tendencia en TikTok no se limita a la música. La estética de los payasos, con rostros pintados de blanco, azul o rojo y miradas duras, se ha convertido en metáfora de los barrios que rara vez aparecen en titulares mediáticos. Entre pasajes de mercados, banquetas agrietadas y autobuses llenos, las escenas recuerdan inevitablemente a Chicuarotes (2019), película de Gael García Bernal que retrata a adolescentes de Xochimilco sobreviviendo gracias al arte callejero y la creatividad.
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Resistencia cultural de Ojitos Mentirosos
Muchos usuarios de la plataforma recrean esta crudeza urbana: suben disfrazados a autobuses, caminan entre puestos de fruta o muestran la vida cotidiana en zonas afectadas por la gentrificación, donde las tradiciones persisten. Más que un reto viral, Ojitos mentirosos tiene un origen que funciona como espejo cultural, un espacio donde la memoria colectiva y los símbolos identitarios emergen entre la teatralidad y la música popular.
Nostalgia musical y declaración cultural
El fenómeno combina nostalgia musical con performance callejero, transformando una cumbia sobre engaño en una declaración cultural. La viralidad de los payasos digitales no solo entretiene, sino que invita a observar la ciudad desde sus bordes, reconociendo historias que habitan los márgenes y mostrando la complejidad de la vida urbana.
Entre luces de neón y cafeterías modernas, el trend recuerda que la cultura se construye también desde lo cotidiano: mercados, transporte público y barrios que resisten al olvido.
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